CAUSA & EFECTO · EDICIÓN Nº 014 · 15 OCT MMXXVI · 10 MIN DE LECTURA

La complejidad ya no protege

LA CAUSA — QUÉ PASÓ

Maurice Heumann publicó el 9 de octubre de 2026 el relato de cómo una flota de agentes de inteligencia artificial reconstruyó en tres meses el código fuente de un juego de disparos muy vendido [1]. El resultado contiene el 99 % de las funciones del juego, y el 83 % del total produce al compilarse el mismo código de máquina que el original, byte por byte [1]. Nueve días antes había aparecido en GitHub PhotoCraft, una imitación de Photoshop escrita por agentes que corre también en Linux, donde Adobe nunca publicó su programa [2]. Un proyecto de voluntarios había cerrado el 8 de septiembre, tras seis años, la reconstrucción completa de Super Smash Bros. Melee, con un modelo de OpenAI en el tramo final [3].

Conviene leer la racha como el ejemplo de algo mayor. La complejidad dejó de proteger al software. Un producto como Photoshop es el depósito de décadas de decisiones, y esa acumulación era su foso: la ley nunca protegió lo que un programa hace, pero rehacerlo exigía volver a gastar los años. Un agente no necesita esos años, porque el producto terminado le dice, función por función, cuál es la respuesta correcta. Cuanto más maduro y completo es un programa, mejor sirve de modelo para su copia. A un desarrollador se le puede retirar un repositorio. A una capacidad que cualquiera alquila por una suscripción no hay a quién notificarle.

Tres meses y una suscripción

Heumann empezó con una suscripción a Claude y añadió otra a Codex, y en las últimas semanas mantuvo catorce agentes del modelo Luna y dos de Opus 5.5 trabajando sin que nadie les hablara [1]. Calcula que consumieron entre 600.000 y 700.000 millones de tokens [1]. Tom's Hardware recoge de una publicación suya que él no paga sus tokens, y que estima el costo en unos 1.200 euros con suscripciones o entre 200.000 y 250.000 dólares a precio de API [4]. El juego, que la prensa identifica como Call of Duty: Modern Warfare 2, de 2009, corre sin fallos visibles según su autor [1] [4]. Chris Lewis reconstruyó entero Snowboard Kids, de Nintendo 64, en 84 días, cuando su secuela le había tomado 596, y solo el 4,8 % de los avances necesitó la mano de un experto [5].

El original es la especificación

Los casos comparten un método: Heumann compiló cada función reconstruida con el compilador del juego original y comparó todos sus bytes con los del ejecutable [1]. PhotoCraft compara lo que dibuja con la imagen que el propio Photoshop guarda en cada archivo, y declara conectados a un comando los 631 elementos de menú del programa que imita, aunque advierte que eso mide el cableado y no el comportamiento [2]. Un boletín para fundadores sacó la consecuencia: la paridad de funciones se volvió una tarea automática, y todo lo que un usuario puede observar se puede especificar y reconstruir [6].

Anthropic había mostrado el mismo método en febrero. Dieciséis agentes escribieron en dos semanas un compilador de C de 100.000 líneas, capaz de compilar el núcleo de Linux, por algo menos de 20.000 dólares [7]. El compilador GCC sirvió de árbitro cuando los agentes se atascaron, y el resultado, según su autor, todavía no reemplaza a un compilador real [7]. Esa es la inversión que importa: las décadas de funciones que hacían inalcanzable a un producto son ahora décadas de casos de prueba para quien lo imita.

Lo que la ley nunca protegió

Un tribunal federal de Estados Unidos resolvió en 1992 que desarmar un programa para llegar a sus ideas y a sus elementos funcionales es un uso legítimo cuando no hay otra vía [8]. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea fue más lejos en 2012: ni la funcionalidad de un programa, ni su lenguaje, ni el formato de sus archivos son una forma de expresión protegida [9]. Proteger la funcionalidad, escribió, equivaldría a permitir que se monopolicen las ideas [9]. El jurista Andrés Guadamuz estudió el caso de los clones de Adobe y opina, «muy tentativamente», que el proyecto puede estar del lado correcto de la ley estadounidense [10]. Un despacho de abogados lo resumió mejor que nadie: las reglas no cambiaron este mes, cambió el precio de hacer lo que las reglas permiten desde hace tiempo [11].

Un retiro alcanza a una persona

Los titulares de derechos respondieron en días, y en cada caso visible lo lograron. Heumann no publicará su código, y escribe que es «por razones obvias» [1]. El video de su demostración fue retirado tras una denuncia del titular [4]. Activision envió, según el desarrollador afectado, notificaciones de retiro contra versiones para navegador de Call of Duty: Black Ops cuyas páginas decían que los mapas, los modelos y las animaciones salían del juego original [12]. Nintendo hizo retirar en agosto una red de 311 repositorios, y su argumento no fue el código copiado sino las claves que rompen el cifrado de sus juegos [13]. Cada retiro que pudimos leer se apoyó en un archivo del original, en código filtrado, en una llave o en una marca. Ninguno atacó código reescrito desde cero.

Esa herramienta trabaja de uno en uno. Anthropic pidió en marzo retirar de GitHub el código filtrado de uno de sus productos, y la plataforma procesó el aviso contra una red de 8.100 repositorios. La empresa lo redujo al día siguiente a un repositorio y 96 copias señaladas una por una [14]. PhotoCraft ya tiene más de 9.000 copias derivadas en GitHub [2]. REA, un conjunto de herramientas que conecta agentes con programas de ingeniería inversa, pasó en seis días de menos de 10.000 estrellas a más de 100.000 [15]. Quien construye con cuidado deja fuera lo que un aviso puede alcanzar. Un proyecto que Take-Two denunció en 2025 respondió que su programa trabaja con una copia del juego instalada legalmente y aportada por el usuario [16].

Lo que hoy todavía falla

PhotoCraft se califica a sí mismo: su documentación estima que está listo para el trabajo profesional en un 45 %, y retira por «demasiado optimista» el 82 % que había anunciado al salir [2]. El proyecto se declara de sala limpia, aunque su documento de paridad cuenta que midió su objetivo inspeccionando la instalación de Photoshop, incluidas las cadenas de texto del binario [2]. Heumann perdió el primer mes de trabajo, porque el código que entregaban los agentes era muy legible y estaba mal, y rescatarlo le costó más tiempo que empezar de cero [1]. Los agentes respondieron a la comprobación byte por byte escribiendo ensamblador incrustado, y varias veces intentaron modificar el programa que los comprobaba [1]. Lewis cree que su proyecto, en el mejor de los casos, se habría detenido cerca del 90 % sin tres especialistas [5]. Un banco de pruebas académico halló que dos modelos de frontera resuelven por completo el 31,5 % y el 26,9 % de sus casos realistas de ingeniería inversa, aunque un tercero se acerca al máximo cuando no tiene límite de presupuesto [17].

Esos tropiezos son la foto de un momento. La organización METR mide cuánto dura la tarea que un agente completa la mitad de las veces, y calcula que esa duración se duplica cada 129 días desde 2023 [18]. Su página dejó de actualizarse en septiembre y advierte que la medida ya no es fiable por encima de dieciséis horas [18]. El mercado todavía no registra el cambio en las ventas. Adobe informó en septiembre ingresos trimestrales 12,9 % mayores que un año antes, aunque sus ingresos recurrentes nuevos habían caído cerca de 38 % cuando Wells Fargo le rebajó la recomendación el 12 de octubre [19]. Ninguna fuente atribuye esa rebaja a los clones, y Gartner prevé que el gasto mundial en software crezca 14,7 % en 2026 [20].

LA FICHA: REESCRIBIR LO AJENO
Los casosModern Warfare 2: 99 % de las funciones, 83 % idénticas byte por byte, tres meses (9 oct) · Super Smash Bros. Melee: 100 % tras seis años (8 sep) · Snowboard Kids: 84 días contra 596 · PhotoCraft: más de 56.000 estrellas en GitHub en dos semanas
El costo600.000–700.000 millones de tokens · unos € 1.200 con suscripciones o US$ 200.000–250.000 a precio de API, estimación del autor recogida por la prensa · un compilador de C de 100.000 líneas por menos de US$ 20.000
La comprobacióncada función, byte por byte contra el ejecutable original · 631 de 631 elementos de menú de Photoshop conectados · la imagen que Photoshop guarda en cada archivo, como respuesta correcta · GCC como árbitro del compilador nuevo
Lo que la ley deja librelas ideas y los elementos funcionales (Estados Unidos, 1992) · la funcionalidad, el lenguaje y el formato de archivos (Unión Europea, 2012)
Lo que sigue protegidoel arte, la música y los modelos · el código original y el filtrado · las medidas de cifrado y sus llaves · la marca y los personajes
La escalaun aviso procesado contra 8.100 repositorios y reducido a 97 al día siguiente · más de 9.000 copias derivadas de PhotoCraft · REA: de menos de 10.000 a más de 100.000 estrellas en seis días · la duración de las tareas que completa un agente se duplica cada 129 días, según METR
Lo que faltaPhotoCraft: ~45 % listo para trabajo real, tras retirar su 82 % inicial · sin comprobación automática, un mes de código «semánticamente incorrecto» · 27–32 % de casos resueltos por dos modelos de frontera en el banco SRE-Bench
En la regiónsoftware sin licencia (datos de 2017): Brasil 46 %, México 49 %, Venezuela 89 % · plan completo de Adobe: R$ 214 al mes, 13 % de un salario mínimo · AutoCAD: 4,6 salarios mínimos al año · Totvs: 91 % de ingresos recurrentes

Fuentes: Maurice Heumann · PhotoCraft (GitHub) · Tom's Hardware · Chris Lewis · TechFounderStack · Anthropic · Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito · Tribunal de Justicia de la Unión Europea · TechnoLlama · HDD Law · XDA · GitHub (avisos DMCA) · Decrypt · arXiv · METR · 24/7 Wall St. · TradingPedia · SaaStr · ABES · Adobe · Planalto · Autodesk · Genbeta · Biblioteca del Congreso Nacional de Chile · Cámara de Diputados de México · Totvs · Oficina de Derechos de Autor de Estados Unidos · CX Today

EL EFECTO — QUÉ IMPLICA

La complejidad acumulada dejó de proteger al software, y protege solo la que sigue cambiando o vive fuera del programa; América Latina compra de la primera y vende de la segunda.

Un programa especializado vale por lo que acumuló: cada caso raro resuelto, cada formato soportado, cada función que alguien pidió hace veinte años. Esa acumulación protegía de dos maneras, porque nadie más podía pagarla y porque nadie más sabía con exactitud qué había que construir. Los agentes abaratan lo primero, y el producto terminado regala lo segundo. La madurez, que era la defensa, se vuelve la exposición: cuanto más completo, estable y documentado es un programa, más fácil resulta comprobar su copia.

No toda la complejidad queda expuesta, y conviene separar tres clases. La que se ve en el comportamiento, hecha de funciones, menús y formatos de archivo, es la que hoy se regenera. La que sigue cambiando resiste, porque una norma fiscal que se reforma una y otra vez no ofrece una respuesta fija contra la cual comprobar. La que vive fuera del programa tampoco se copia: los datos, lo que corre en el servidor del fabricante, la certificación y la responsabilidad ante el cliente. Adobe ya ejecuta en sus servidores las funciones generativas que el clon deja fuera, y algunos compradores de empresas de software, según un intermediario del sector, no miran una operación sin un foso de esa clase [6].

América Latina está en los dos lados de esa línea. Compra complejidad acumulada y nunca terminó de pagarla: la última medición, con datos de 2017, encontró sin licencia el 46 % del software instalado en Brasil, el 49 % en México y el 89 % en Venezuela [21]. El plan completo de Adobe cuesta 214 reales al mes en Brasil [22], el 13 % de un salario mínimo de 1.621 reales [23], y una licencia anual de AutoCAD equivale a 4,6 de esos salarios [24]. Los agentes no le dan a la región acceso a ese software, que ya tenía sin permiso, sino la posibilidad de generar el suyo, lícito y mantenible. Una copia sin licencia no se puede facturar ni actualizar, y un equivalente propio sí: puede ser el lector que sigue abriendo los archivos cuando el permiso se retira, como en 2019, cuando Adobe canceló cuentas venezolanas por una orden ejecutiva de Estados Unidos [25]. La ley local varía, porque Chile permite la ingeniería inversa para compatibilidad e investigación y México reserva la decompilación al titular, y pesa poco frente a una plataforma que retira un repositorio a la vez [26] [27] [13].

Lo que la región vende es de la otra clase. Totvs, la empresa brasileña de software de gestión, obtuvo en 2025 el 91 % de sus ingresos de contratos recurrentes [28]. Ese ingreso paga menos un código que la obligación de seguir una norma fiscal que no deja de moverse, y ahí un agente no tiene original que copiar. Quien vende horas de ingeniería enfrenta lo que describimos en la Nº 008. El clon tampoco funda un foso propio, porque la Oficina de Derechos de Autor de Estados Unidos sostiene que las instrucciones dadas a un modelo no bastan para hacer autor a quien las escribe [29].

El contrapunto pesa: todos los retiros de este mes funcionaron, y el mejor clon disponible se da a sí mismo un 45 % [2]. GIMP existe desde los años noventa sin haber amenazado a Photoshop, porque los profesionales viven en el último tramo del pulido [6]. Un cliente de Salesforce que ensayó programar su propio sistema con agentes terminó comprándolo por lo que exigen el mantenimiento, las cuentas y la seguridad [30]. La curva que promete cerrar la brecha es una medición cuyo último dato es de abril [18]. No encontramos un solo caso verificado en América Latina de una empresa o un Estado que haya reconstruido con agentes un sistema ajeno, de modo que la oportunidad está descrita y todavía no está demostrada.

LA JUGADA

  1. Copia lo que está quieto. El programa maduro, caro y bien documentado es el mejor blanco: parte de una copia comprada y de documentos públicos, y no distribuyas un solo archivo del original.
  2. Escribe primero la comprobación. Los agentes rinden donde una máquina puede decir si acertaron, de modo que el activo es el banco de pruebas: los archivos reales de tus clientes y lo que debe salir al abrirlos.
  3. Vive de lo que se mueve. La ventaja está en saber antes que nadie qué necesita tu cliente y cambiar el programa a ese ritmo, porque el código es un costo de entrada que cada mes vale menos.

EL ECO — LO QUE QUEDA

Un programa que maduró durante décadas es una catedral, y una catedral terminada le enseña a cualquiera cómo hacer otra. Ya no hace falta saber construir; basta saber describir lo que se quiere. Hoy se puede copiar piedra por piedra y cuidarla igual de bien, por una fracción de lo que costó levantarla. La ventaja ya no está en la piedra, sino en saber qué necesita quien cruza la puerta.

— Francesco Antonio Ruperti

GRUPO CAUSA COMÚN

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