El gas ya tiene otro comprador
LA CAUSA — QUÉ PASÓ
El miércoles 2 de septiembre de 2026, en el Salón del Perú del Palacio de Miraflores, Venezuela firmó ocho acuerdos energéticos con empresas de Estados Unidos, Italia y del propio país, en un acto presidido por la presidenta encargada Delcy Rodríguez y por el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright [1]. Chevron enmendó los contratos de tres empresas mixtas e incorporó los campos Carabobo 1 y 2 [1]. Su director ejecutivo, Mike Wirth, anunció una inversión superior a siete mil millones de dólares para llevar más de quinientos mil barriles diarios al mercado en cinco años [1]. Eni se quedó con el bloque Junín 5 de la Faja del Orinoco y declaró como meta un millón de barriles diarios [1]. GE Vernova firmó con PDVSA la recuperación de la infraestructura eléctrica de la industria petrolera, para que los campos tengan generación propia y no recarguen el sistema nacional [1]. El segundo acuerdo, con Corpoelec, cubre la rehabilitación de plantas hidroeléctricas y termoeléctricas, transmisión y distribución [1] [2]. Nadie informó el monto [3].
El fenómeno mayor del que esa firma es hoy el mejor ejemplo disponible no es un acuerdo petrolero más. Venezuela está reconstruyendo por contrato, con operadores extranjeros y en un solo movimiento, sus tres sistemas de energía, y lo hace en el año en que el gas volvió a ser el insumo más disputado del mundo, porque quienes construyen inteligencia artificial lo queman con sus propias turbinas. El paquete pone el barril primero, el gas como anexo y la demanda que hoy más crece en ninguna parte. Wright dijo a la prensa que el plan es concentrarse en seis a doce meses en poner de nuevo en funcionamiento los activos existentes, estabilizar la red y ampliar las horas de servicio [4]. El memorando de junio fijó mil megavatios recuperados en veinticuatro meses y más de cinco mil en cuatro o cinco años [5]. Esos son los hechos.
Lo que se firmó en realidad
El eje del paquete es el barril. Wright lo dijo en CNBC desde Caracas la mañana de la firma: Venezuela produce hoy algo más de 1,2 millones de barriles diarios, pasará de 1,5 millones en el primer semestre de 2027 y de dos millones antes de que termine la década [6]. El crudo pesado se canjeará por barriles medianos para la reserva estratégica, y el paquete es «presión a la baja sobre los precios del petróleo» [6]. El comprador del crudo está nombrado, y también el precio. Dos días antes, la Casa Blanca había publicado los términos del acuerdo con North American Blue Energy Partners: diecisiete campos con 65.000 millones de barriles y concesiones de cien años según Washington, de veinticinco según Rodríguez [7]. El Departamento de Guerra se queda con un 35 % de la matriz, y Estados Unidos compra un quinto de toda la producción a costo de producción [7]. Wright aseguró a Bloomberg ese día que China no tendrá reclamos sobre los ingresos de la producción nueva mientras se reestructura la deuda [8]. El gas es el anexo. Claudio Descalzi, de Eni, lo mencionó como potencial: Perla, «un gigante con más de 25 billones de pies cúbicos», y Corocoro [1]. Venezuela posee 5,5 billones de metros cúbicos, la séptima reserva del mundo y la primera de la región, y nunca ha exportado un metro cúbico [9]. Alrededor del 80 % de ese gas está asociado al petróleo y una parte se quema en antorcha [9]. La salida prevista es Trinidad, a tres años de distancia una vez que Dragón arranque [9]. Atlantic LNG exportó nueve millones de toneladas en 2025 contra una capacidad de doce y apagó uno de sus trenes en mayo por falta de gas [10]. La molécula está; el plan no. Los dos acuerdos eléctricos están redactados para servir al barril: el primero saca a los campos petroleros de la red nacional y el segundo repara lo que existe para que el país tenga más horas de luz [3].
La red que tiene que sostenerlo
Guri, con 10.235 megavatios instalados, opera a la mitad de su capacidad de diseño, según Wright [4]. Las termoeléctricas generan 2.700 de los 21.000 megavatios instalados, según el ingeniero Alberto Fuentes, exgerente nacional de operaciones de Corpoelec [11]. Ese parque es de gas, y Fuentes explica que muchas máquinas queman diésel porque PDVSA no entrega el combustible en cantidad ni en presión, con lo cual se desgastan un 30 % más rápido [11]. El país quema gas en antorcha mientras sus turbinas de gas queman diésel. La demanda tocó 15.625 megavatios el 10 de agosto, con un déficit que supera los 2.500 en hora pico [11]. Conindustria midió el costo: en el segundo trimestre las empresas pasaron 214 de 488 horas laborables sin electricidad, un 43,9 % [12]. El 29 de agosto, cuatro días antes de la firma, un apagón dejó a oscuras a cinco estados del occidente [12]. La Asamblea Nacional reformó en junio la ley eléctrica y permitió por primera vez en quince años capital privado, con concesiones de hasta veinticinco años en generación, transmisión y distribución [5]. Lo que se decida sobre esas concesiones fijará para qué sirve la electricidad venezolana durante una generación.
El elefante: el gas ya tiene otro comprador
Mientras Caracas firmaba para el barril, los mayores compradores de energía firme del mundo son hoy empresas de inteligencia artificial, y compran generación entera. Hyperion, el campus de Meta en Luisiana, nació en diciembre de 2024 con dos gigavatios y tres plantas de gas de Entergy [13]. El 27 de marzo de 2026 la empresa acordó financiar siete plantas más, con lo cual diez plantas y siete gigavatios y medio ampliarían la red de todo el estado en más de un 30 % [13]. La empresa anunció en julio cinco gigavatios de cómputo y más de cincuenta mil millones de dólares [14]. Elon Musk lo hace sin empresa eléctrica de por medio. xAI compró en enero cinco turbinas Doosan de 380 megavatios, casi dos gigavatios en total [15]. Misisipi le autorizó en marzo 41 turbinas en Southaven, para mayo operaba 46 con permiso para quince, y SpaceX comprometió otros 2.800 millones de dólares en turbinas al salir a bolsa [15]. El Wall Street Journal describió en agosto la estrategia como traiga su propia energía, con una capacidad que pasaría de dos gigavatios a entre diez y quince a fines de 2027 [15]. Los cohetes también tienen gasoducto: SpaceX tiende ocho millas de tubería, bautizadas Starpipe, hasta Starbase, en Texas, para licuar metano de Starship desde enero de 2027 [16]. Hoy alimenta cohetes; el destino declarado son centros de datos en órbita [16].
La suma ya está medida. Global Energy Monitor publicó el 25 de agosto que la capacidad de gas propuesta para conectarse directamente a centros de datos en Estados Unidos pasó de 97 a 189 gigavatios en la primera mitad de 2026, y el total de gas en desarrollo del país subió de 252 a 378 gigavatios [17]. La Agencia Internacional de Energía estima que los centros de datos consumieron 415 teravatios-hora en 2024 y consumirán unos 945 en 2030 [18]. El proveedor es el mismo. GE Vernova cerró el segundo trimestre con 116 gigavatios de turbinas comprometidos, y una turbina pesada pedida hoy se entrega en 2031 [19] [20]. Todo eso se alimenta de gas. RBC calcula que los centros de datos consumirán 6.100 millones de pies cúbicos diarios en 2030, un 20 % más de quema para generación que la de los últimos años, y los nombra junto a las exportaciones de gas licuado como los dos motores de la demanda estadounidense de esta década [21]. Esas exportaciones ya crecieron 23 % en el primer semestre, hasta 17.400 millones de pies cúbicos diarios, con la producción en un récord [22]. El mayor productor y exportador de gas del mundo empezó a quemar en casa, para alimentar inteligencia, gas que compite con el que embarca. Eso le devolvió a la molécula un poder que no tenía hace cinco años, y Venezuela se sienta sobre la séptima reserva del planeta. La escala es esta: Venezuela produce hoy unos 2.300 millones de pies cúbicos diarios, Dragón y Manatee sumarían cerca de mil millones más, y los centros de datos quemarán 6.100 millones en 2030 [9] [10] [21]. Al ritmo de extracción de Estados Unidos, la reserva venezolana rendiría unos 35.000 millones diarios, casi seis veces esa quema [9]. Ese gas no llega a Texas por gasoducto, sino al mismo mercado por el gas licuado, y la planta de licuefacción más cercana trabaja a tres cuartos por falta de gas [10]. El puente existe, y nadie en la sala lo nombró.
| La señal | 2 sep 2026, Miraflores: ocho acuerdos; Chevron US$ 7.000 M y +500.000 b/d en cinco años; Eni en Junín 5; GE Vernova con PDVSA (autoabastecimiento) y con Corpoelec (hidro, termo, transmisión) · monto no informado |
| El eje petrolero | Wright: de 1,2 M b/d hoy a +1,5 M en el 1S 2027 y +2 M a fin de década · crudo pesado canjeado por barriles medianos para la reserva estratégica · China sin reclamos sobre la producción nueva · NABEP (31 ago): 17 campos, 65.000 M bbl, 100 años (Washington) / 25 (Rodríguez), 35 % de la matriz al Depto. de Guerra, 20 % de la producción a EE. UU. a costo de producción |
| El gas, como anexo | 5,5 billones de m³, 7.ª reserva mundial, 1.ª regional, cero exportado · 2,3 bcf/d hoy; ~35 bcf/d al ritmo de extracción de EE. UU., casi seis veces la quema de los centros de datos en 2030 · 80 % asociado al crudo · Dragón: tres años · Atlantic LNG: 9 de 12 Mt, un tren cerrado, otro apagado |
| La red | Guri 10.235 MW a la mitad de su diseño · termo 2.700 de 21.000 MW · demanda 15.625 MW, déficit > 2.500 · industria 214 de 488 h sin luz (43,9 %) · reforma de junio: concesiones de 25 años |
| Lo que prometieron | Wright: activos existentes en marcha en 6–12 meses · memorando de junio: 1.000 MW en 24 meses, +5.000 MW en 4–5 años · Martella: +1.000 trabajadores |
| El otro comprador | Meta Hyperion: 10 plantas, 7,5 GW, 5 GW de cómputo, +US$ 50.000 M · xAI: 1,9 GW Doosan, 41 turbinas autorizadas, US$ 2.800 M más · EE. UU.: gas para centros de datos 97 → 189 GW en seis meses; 378 GW en desarrollo |
| El proveedor común | GE Vernova: 116 GW comprometidos, turbina pedida hoy → 2031 · turbina a US$ 600/kW en 2027 (+195 % vs 2019) |
| La molécula vale más | Centros de datos: 6,1 bcf/d de gas en 2030 (RBC) · exportaciones de GNL de EE. UU.: 17,4 bcf/d, +23 % en el 1S 2026, producción en récord |
| El elefante | Palabras «inteligencia artificial», «cómputo» o «centro de datos» en las declaraciones públicas del acto y en las trece coberturas leídas: ninguna (los textos de los acuerdos no son públicos) |
Fuentes: El Pitazo, AVN y El Nacional · Reuters y Bloomberg · UPI · CNBC · Casa Blanca y CBS · Bloomberg vía World Oil · CRS · Reuters vía Pipeline & Gas Journal y Rio Times · El Nacional y El Pitazo · Efecto Cocuyo e Infobae · Entergy, Fortune, DCD y Quartz · TechTimes, CNBC, TechCrunch y Baton Rouge Business Report (WSJ) · Reuters · Global Energy Monitor vía Down To Earth y Latitude Media · IEA · GE Vernova (resultados 2T) vía Turbomachinery y OilPrice · RBC Capital Markets · EIA
EL EFECTO — QUÉ IMPLICA
El despliegue de la inteligencia artificial se alimenta de gas y le devolvió a la molécula un poder que no tenía hace cinco años, y Venezuela, con la séptima reserva del mundo, firmó un paquete que pone el barril primero, el gas como anexo y la inteligencia artificial en ninguna parte. La pieza que falta en la estrategia venezolana no es un centro de datos, que hoy no podría alojar, sino el gas como puente hacia el hueco de gigavatios que Meta y Musk están tratando de llenar.
Un centro de datos de IA no tolera interrupciones y no puede esperar cinco años a una turbina, así que el operador compra la generación completa, la sitúa junto al gas y le paga a la utility quince años de ingresos por adelantado, como hizo Meta en Luisiana [13]. Esa generación quema gas, y el país que la construye a mayor escala es también el que más gas exporta [22]. Cada pie cúbico que Estados Unidos queme en casa para alimentar inteligencia compite con el que embarca, y RBC nombra a los dos, centros de datos y gas licuado, como los motores de la demanda de esta década [21]. El mercado que se tensa lo abastece quien tenga la molécula, la planta y el contrato. Venezuela tiene la primera, Trinidad tiene la segunda a tres cuartos por falta de gas, y el contrato no lo tiene nadie [10].
Los ocho acuerdos están redactados para la extracción, y conviene leerlos así: el eje es el barril, con metas de producción fechadas y un comprador declarado [6]. El gas aparece como potencial, con Dragón a tres años y Perla como cifra de reservas, y ninguna meta de exportación con fecha [9]. Los dos acuerdos eléctricos sacan a los campos de la red y reparan lo que existe [3]. La reforma de junio abre concesiones de veinticinco años, esas concesiones definirán quién recibe capacidad firme durante una generación entera, y nada de eso nombra la demanda que hoy más crece [5].
El contrapunto hay que concederlo entero, y pesa. Una red donde la industria pierde el 44 % de sus horas laborables no aloja ningún cómputo, y prometerlo sería una fantasía [12]. El gas venezolano es en su mayoría asociado, así que sale con el crudo o no sale, y el país nunca ha exportado un metro cúbico [9]. Estados Unidos no necesita gas venezolano en casa, con su producción en récord; el puente es indirecto, por el gas licuado y por el Caribe, y tarda años [22]. Brasil escribió la misma semana en su ley de centros de datos qué energía debe comprar un operador, y Venezuela tiene muchos pasos que dar antes de poder exigir nada parecido [23]. Dragón lleva años siendo el año que viene: licencia venezolana de treinta años en 2023, permiso estadounidense revocado en mayo de 2025, otro en octubre y otro más en febrero, y todavía sin el primer metro cúbico [9] [10]. La reserva atrae anuncios, y los anuncios no construyen nada.
Aun concedido todo eso, la ausencia permanece. El paquete trata al gas como un anexo del petróleo en el año en que el mercado lo trata como el cuello de botella de la inteligencia, y ningún firmante dijo la frase que ordenaría el resto: nuestro gas alimenta ese despliegue. Esa frase no exige una red perfecta ni una ley como la brasileña, sino que el plan de gas tenga un comprador nombrado y una fecha, como ya los tiene el plan de crudo. La ventana que Emilio Venuti describió en mayo se cierra, sin esa frase, con Venezuela mirando desde afuera [24].
LA JUGADA
- Nombra al comprador en el plan de gas. El crudo tiene metas fechadas y un destino declarado; el gas tiene reservas. Dragón, Manatee y Perla necesitan un contrato de largo plazo con el mercado que hoy fija el precio del gas, y ese mercado es el que alimenta generación para inteligencia artificial. Quien negocie el gas debería llegar con esa demanda en la mesa, no con la de 2019.
- Pon el cómputo donde está el gas, no donde está la red. La estrategia de traer su propia energía no exige la escala de Musk. Un módulo de inferencia detrás del medidor, alimentado con gas que hoy se quema en antorcha en Monagas o en el Zulia, tiene base legal desde la reforma de junio y no depende de Corpoelec, así que empieza por el gas asociado que ya existe y por la carga que tolera latencia.
- Escribe en la concesión para qué sirve el electrón. Venezuela está a muchos pasos de una ley como la brasileña, pero las concesiones de veinticinco años se firman ahora. Pedir capacidad firme reservada para carga digital y un informe anual de fuentes y consumo cuesta una cláusula, y lo que no esté en ese contrato no existirá en 2050.
EL ECO — LO QUE QUEDA
El crudo salió de Miraflores con comprador, fecha y precio de costo. El gas se quedó en reservas. La inteligencia artificial hizo de la molécula algo más que un activo valioso: la volvió estratégica, porque quien quiere cómputo hoy necesita gas y turbinas antes que chips. Cuando un activo se aprecia y además se vuelve estratégico, lo único que vale es la libertad de fijarle el precio mañana; Venezuela la firmó por veinticinco años, o por cien, en el año en que empezó a valer más.
— Francesco Antonio Ruperti
GRUPO CAUSA COMÚN