Starlink reconectó La Guaira. La factura llegó en vatios.
LA CAUSA — QUÉ PASÓ
El 24 de junio de 2026, a las 18:04 y 18:05 hora de Venezuela, dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 rompieron el estado Yaracuy con 37 segundos de diferencia [3]. Los epicentros estuvieron a unos 250 kilómetros de Caracas — cerca de San Felipe y de Yumare, no de la costa. Y sin embargo las dos zonas más destruidas fueron La Guaira y Caracas: no por cercanía, sino por vulnerabilidad acumulada — suelos, parque edificado, décadas de mantenimiento diferido.
Dentro de los 37.000 millones de dólares de daño físico directo estimados por la ONU hay una línea que casi nadie leyó en voz alta: telecomunicaciones, con unos 5.000 millones, fue la mayor pérdida individual de infraestructura, por encima de generación eléctrica y por encima de carreteras [2]. La propia UNDRR advierte que la cifra sale de modelos de riesgo y no de inspecciones en terreno, y que excluye las pérdidas por servicios interrumpidos; conviene citarla con esa etiqueta puesta.
El dato invita a una conclusión intuitiva y equivocada: que el país se quedó incomunicado y que el satélite lo rescató. Lo que pasó es más interesante, y más útil.
La curva
La Unión Internacional de Telecomunicaciones y el clúster de telecomunicaciones de la ONU activaron un Disaster Connectivity Map el 25 de junio. Midió esto: la conectividad nacional cayó de más del 90 % a aproximadamente el 59–65 % inmediatamente después de los sismos, y se recuperó hasta cerca del 77 % en 24 a 48 horas [1].
Dos días. Eso tardó la red venezolana en recuperar la mayor parte de lo perdido, y no lo hizo por satélite: lo hicieron CANTV, Movistar y Digitel reparando. El informe es explícito en que las redes centrales nunca dejaron de operar [1]. Lo que se rompió fue el contorno — sistemas de energía, fibra óptica, instalaciones móviles, equipos de transmisión — más el cable submarino, partido a 1,8 kilómetros de la estación de Puerto Viejo, en Catia La Mar [11].
Pero la curva no volvió a subir. Al 13 de julio —tres semanas después— La Guaira seguía siendo la zona más afectada del país, mientras Caracas se había recuperado en lo esencial [1]. La red nacional se estabilizó rápido en un escalón más bajo, y ahí se quedó. Es en ese escalón, y solo ahí, donde entra Starlink.
Lo que Starlink hizo, exactamente
Al 9 de julio se habían repartido más de 1.600 kits Starlink en Venezuela [9]. Pero el detalle que casi nadie reportó bien es para qué se usaron: no como internet doméstico, sino como backhaul — el enlace que conecta una radiobase con el resto de la red, sustituyendo la fibra y los enlaces de microondas destruidos [10]. Tres estaciones base de Movistar volvieron a funcionar con transporte satelital; al 17 de julio, 9 de las 11 parroquias de La Guaira tenían respaldo satelital temporal [10].
La distinción vale para todo lo que sigue: una antena conecta un nodo, no una población. Donde sí hubo servicio directo a personas fue en los refugios, y a escala modesta: el clúster instaló Starlink en Playa Grande y en el campamento del estadio César Nieves, dando servicio a unas 1.850 personas entre los dos sitios [1].
Y no instaló antenas. Instaló antenas con paneles solares, baterías de respaldo y sistemas de alimentación ininterrumpida [1]. Las actas del clúster registran que el respaldo eléctrico se montó explícitamente «para mitigar los efectos de los cortes de luz recientes», y que tres semanas después del sismo el Programa Mundial de Alimentos todavía estaba comprando equipos Starlink [12].
La puerta trasera regulatoria
Aquí está la parte que conviene leer despacio, porque contradice el titular fácil. Starlink no tiene licencia para operar en Venezuela — ni Habilitación Administrativa ni Concesión de espectro, que es lo que exige la Ley Orgánica de Telecomunicaciones. No la tenía antes del sismo y no la tiene hoy, aunque vende kits comercialmente en el país desde febrero de 2026 [4].
Lo que se autorizó tras el terremoto fueron dos cosas, y ninguna es una licencia:
- 26 de junio: CONATEL otorgó espectro temporal en 1900 MHz a Movistar —no a Starlink— para dar servicio satelital directo al dispositivo sobre la red de Starlink. Tres meses, geocercado solo al estado La Guaira, con la condición de compartir capacidad con Digitel y Movilnet, y al principio solo para SMS [6][7].
- 3 de julio: CONATEL dio a Starlink un permiso temporal de «prueba piloto» y flexibilizó los límites de densidad de flujo de potencia en las bandas Ku y Ka. El comunicado no fija duración y aclara que las telecomunicaciones satelitales son una facilidad técnica importante «siempre que se implementen bajo el marco regulatorio venezolano» [5].
Y la justificación con la que el regulador venezolano abrió esa puerta merece quedar escrita tal cual: cumplir «el deber de garantizar la soberanía tecnológica y el derecho del pueblo a las comunicaciones» [5]. Es decir: se invocó la soberanía tecnológica para autorizar, en carácter de prueba y sin licencia, a la mayor constelación privada del planeta.
Mientras tanto, y esto es lo más extraño del expediente: la importación de equipos de telecomunicaciones sigue suspendida por CONATEL, salvo autorización expresa de la Cancillería, con procedimientos que el propio boletín aduanero de la ONU describe como «aún no claramente definidos» [8]. Se desplegaron miles de terminales de un operador sin licencia mientras la importación de equipos de telecomunicaciones estaba formalmente cerrada.
Ya se ve el desgaste
El 14 de julio, en la teleconferencia global del clúster, quedó por escrito la frase que mejor resume el balance: «Se han desplegado Starlinks, pero se ha reportado algo de congestión debido a conexiones privadas que se suman a los usuarios humanitarios. Aun así, sigue siendo la solución preferida» [12].
Las dos mitades importan. Es la solución preferida — y ya está congestionada por usuarios privados compitiendo con los humanitarios, tres semanas después del sismo. El servicio gratuito que Starlink anunció para Venezuela vence el 25 de julio [13].
El tamaño de la cosa a la que nos estamos atando
Conviene dimensionar al actor. Al 18 de julio de 2026 hay 10.828 satélites Starlink operativos en órbita, de 12.552 lanzados [14]. La red pasó de unos 40 Tbps a fines de 2022 a unos 445 Tbps a fines de 2025, sirve a 12 millones de suscriptores en unos 166 países, y facturó 11.400 millones de dólares en 2025 [14]. América Latina aporta cerca de 2 millones de accesos y creció 114 % en 2025.
Lo que viene es de otro orden: los satélites V3 prometen 1 Tbps de bajada cada uno —unas diez veces el V2 mini— y unos 60 Tbps de capacidad añadida por lanzamiento de Starship. Con una advertencia que hay que decir en presente: al cierre de esta edición ningún V3 ha llegado a órbita; el vuelo 13 de Starship abortó en T-0 el 16 de julio [15].
Y un número que ordena todo lo anterior: el analista Tim Farrar estima que la red actual soporta unos 20 millones de suscriptores de banda ancha [16]. Con 12 millones ya conectados, Starlink está a alrededor del 60 % de su propio techo. El V3 y Starship no son ambición: son necesidad.
Nota de interés: Grupo Causa Común opera desde el 19 de julio una campaña de acceso gratuito a Mentor Hispano para estudiantes de La Guaira afectados por estos sismos. Analizamos un desastre en el que tenemos un producto activo; nos pareció más honesto decirlo que omitirlo.
| Evento | 24 jun 2026 — sismos de 7,2 y 7,5, con 37 s de diferencia, epicentros en Yaracuy |
| Más afectadas | La Guaira y Caracas — por vulnerabilidad, no por cercanía |
| Mayor pérdida de infraestructura | Telecomunicaciones, ~US$ 5.000 M de US$ 37.000 M (modelo UNDRR, no inspección) |
| Conectividad nacional | >90 % → 59–65 % → ~77 % en 24–48 h, por reparación terrestre |
| Qué siguió operativo | Las redes centrales de CANTV, Movistar y Digitel |
| Qué se rompió | Energía, fibra, equipos de transmisión y el cable submarino en Catia La Mar |
| Rol real de Starlink | Backhaul de radiobases (3 estaciones; 9 de 11 parroquias con respaldo al 17 jul) |
| Servicio directo a personas | ~1.850 en dos refugios, vía WiFi comunitario |
| Cómo se instaló | Antena + paneles solares + baterías + UPS |
| Situación legal de Starlink | Sin licencia. Permiso de «prueba piloto» (3 jul); el espectro se dio a Movistar (26 jun) |
| Contradicción abierta | Importación de equipos de telecom suspendida por CONATEL |
| Desgaste ya documentado | Congestión por usuarios privados sobre usuarios humanitarios (14 jul) |
| Escala del operador | 10.828 satélites operativos · 12 M suscriptores · ~445 Tbps · ~60 % de su techo actual |
Esos son los hechos. Lo que revelan sobre cómo se construye, se alimenta y se repara la infraestructura de esta región es materia de la sección que sigue.
Fuentes: Logistics and Telecommunications Cluster (PMA) · CONATEL · USGS · Noticias ONU · EFE · Mobile Time · ACM IMC
EL EFECTO — QUÉ IMPLICA
La red no falló como red. Falló como sistema eléctrico.
Los sismos no rompieron la arquitectura lógica de las telecomunicaciones venezolanas: las redes centrales siguieron operando [1]. Cedió lo que las sostiene físicamente — alimentación, fibra, equipos de transmisión, el cable submarino. Para quien planifica, opera o construye infraestructura, ésa es la lección que ordena las demás: la resiliencia se está comprando en la capa equivocada. Se paga por rutas redundantes y mallado, y lo que cae es la corriente del último kilómetro.
La curva lo dice: de más del 90 % a ~60 %, de vuelta al 77 % en 24 a 48 horas, y después plana — tres semanas más tarde La Guaira seguía siendo la zona más afectada del país [1]. El primer tramo se recupera casi solo: son los nodos grandes, con energía propia y personal cerca. El trabajo caro es la cola, y coincide con las zonas más dañadas y más pobres. Un plan medido en porcentaje nacional declara victoria justo antes de empezar la parte difícil.
El segundo hallazgo es de dimensionamiento. El banco de baterías de una radiobase se calcula para fallos de horas, no de días, y los generadores están solo en los sitios críticos. Con la generación nacional ya por debajo del 40 % de su capacidad instalada antes del sismo [18], ese supuesto llevaba años siendo falso. La respuesta lo confirma: el clúster no desplegó antenas sino UPS, paneles solares y generadores, y anotó que los generadores fueron lo que más falló [12]. Sostener un enlace es un problema de vatios antes que de ancho de banda —75–100 por terminal, ~1,6 kWh al día [17]—, y en Venezuela hay algo que ninguna hoja de cálculo recoge: el respaldo eléctrico de una estación desatendida es él mismo el objetivo del robo.
De ahí sale la pregunta que importa para lo que viene, porque la reconstrucción va a exigir más energía que la que había antes del sismo, no menos: hospitales, obra, bombeo, telecomunicaciones. Restaurar generación y transmisión centralizada es un programa de años. Entre lo que la red entrega hoy y lo que la reconstrucción va a pedir se abre una brecha inmediata, y el único recurso que se despliega con esa velocidad y esa granularidad es el solar con almacenamiento: se instala por sitio y no por red, en días y no en años, y elimina la cadena logística del combustible — justo donde la respuesta se atascó [12]. Como el satélite es muleta del enlace y no columna vertebral —una red LEO cubre entre el 0,9 % y el 14,7 % de la capacidad perdida al caer un cable [19]—, el panel es puente y no sustituto de la generación. Pero un puente que puede tenderse ya, y que convierte el corte eléctrico de excepción en supuesto de diseño.
¿Dónde entra la IA sin vender humo? No en predecir el sismo, sino donde el recurso escaso es físico y la decisión es de asignación. Orquestación consciente de la energía: qué sitios van a caer según batería, carga y población servida, para degradar a propósito y que los que sostienen a más gente duren más. Despacho de cuadrillas, combustible y repuestos bajo restricciones reales de acceso y seguridad — y, con la misma matemática, dónde poner el próximo panel para proteger a más gente por dólar. Y reparto de capacidad escasa en los enlaces de emergencia, la congestión que el clúster documentó cuando las conexiones privadas empezaron a competir con las humanitarias [12]. Nada de eso genera un vatio ni tiende un metro de fibra: hace que cada vatio y cada cuadrilla rindan más, que es lo único optimizable cuando la infraestructura ya está en el suelo.
LA JUGADA
- Mide los sitios en horas de autonomía, no en disponibilidad. Un parque con 99,9 % y cuatro horas de batería no existe al segundo día — y hoy la forma más rápida de comprar autonomía es solar con almacenamiento, sitio por sitio.
- Planifica para la cola. El 77 % llega solo; el tramo que resta se lleva el presupuesto, el combustible y el tiempo de cuadrilla, y decide cuánta gente queda incomunicada y por cuánto tiempo.
- Pon la IA donde se reparte lo escaso, no donde se predice lo inevitable. Energía, cuadrillas, capacidad de emergencia y emplazamiento solar son asignación bajo restricción, con datos que ya existen y retorno medible. Ahí hay producto; en el pronóstico sísmico, no.
EL ECO — LO QUE QUEDA
El terremoto no abrió las grietas; las reveló. El último kilómetro de energía ya faltaba antes del primer temblor. Reconstruir con lo de ayer sería reponer la falla; hacerlo con lo que hoy acorta esa distancia es, por fin, corregirla. La Guaira no es una excepción: es el ensayo. Las mismas grietas cruzan la región — y, por suerte, también las cruza el mismo remedio.
— Francesco Antonio Ruperti
GRUPO CAUSA COMÚN